PONENCIA DR DARIO MACOR
Aunque
se trata de la cuarta edición del Foro Económico, Social y Político de
todos sabemos que esta reunión es diferente a las anteriores. Esta edición pone
en evidencia el crecimiento de un actor político-social que se ha ido
construyendo en estos años, y a la vez, interpela al conjunto de la sociedad
santafesina con un tono diferente al de los eventos anteriores.
De
lo que se trata hoy es de definir un horizonte progresista, y contamos para
ello con dos premisas fundamentales: un mayor bienestar para Santa Fe y un mejor Estado para todos.
Pero hay también una línea de continuidad manifiesta.
La insistencia en convocatorias de este tipo, a Foros como el que nos reúne hoy
aquí y a otros actos, más pequeños, que se han realizado en estos años, responde
a otro elemento constitutivo de un horizonte progresista: la creencia, la certeza que es necesario repensar la democracia en
es un régimen que necesita ser pensado y recreado permanentemente. No
puede alimentarse de sus rutinas, de la pura experiencia. Dicho de otra manera:
no se trata de conciliar los intereses tal cual existen, sino de luchar para
reformularlos y reorientarlos en función de un proyecto de mejora de la
sociedad.
Esto
es difícil y requiere del esfuerzo de todos. Pero la democracia que, con
marchas y contramarchas, hemos sabido recuperar institucionalmente los
argentinos en las últimas décadas tiene una deuda con la sociedad que no podemos
ni debemos eludir. Ninguna sociedad merece
llamarse así, ni un Estado lo es cabalmente, si no proporciona a todos sus
habitantes los atributos mínimos de la ciudadanía, para lo que es
imprescindible garantizar un piso irrevocable de derechos a todos y cada uno de
sus habitantes.
Fundamentos para una sociedad de bienestar.
Si el término bienestar alude a una situación de
satisfacción de necesidades, el sentido político del término hace referencia no
sólo a la satisfacción de una necesidad inmediata sino a la proyección en el
futuro de esa capacidad de satisfacer las necesidades. Es decir cuando se
satisfacen las necesidades y se prevé que éstas seguirán siendo satisfechas en
el futuro, lo que implica un adicional de seguridad.
En términos
políticos el concepto de bienestar
está estrechamente asociado al paradigma del Estado Benefactor que ordenó el desarrollo del capitalismo en la
segunda posguerra dando sustento a unos de los círculos virtuosos más notables
de la economía capitalista.
Sabemos hoy, que
bajo ese paradigma del Estado Benefactor se construyeron órdenes estatales muy
diferentes, entre Europa y América Latina, por ejemplo. Estado Social, Estado Benefactor, Estado de Compromiso, Estado Populista,
son múltiples conceptos elaborados en las ciencias sociales para dar cuenta
de realidades políticas y órdenes estatales disímiles. Considerando nuestro
caso nacional, tal vez lo más interesante sea constatar las dificultades del Estado Social criollo de mediados del
siglo XX para promover las políticas sociales desde el principio de
Por supuesto que esta
dificultad no puede explicarse linealmente, y basta recordar la yuxtaposición
de políticas de salud del primer peronismo, para comprender la complejidad del
tema. El ministro de salud de los primeros años de ese peronismo histórico, Ramón
Carrillo, y su política centrada en el rol del hospital público; paralelamente
al desarrollo de las obras sociales sindicales y la contratación de medicina
privada; pero también del asistencialismo como la suma del particularismo en la
asistencia estatal.
Otro momento
histórico que desnuda contradicciones en una dirección similar es el del
onganiato, el ministerio Kriegger Vassena, y el desarrollo del sindicalismo
empresario asociado al uso del tiempo libre de los asalariados.
No es novedad que el Estado de Bienestar ingresó en un cono
de sombras hace unas tres décadas. La crisis del paradigma no puede disimular
situaciones nacionales muy diferentes de acuerdo al punto de partida de cada
caso y a la forma en que se había instrumentado en cada país el Estado de
Bienestar.
Poner el acento ahora en
una Sociedad de Bienestar implica
recuperar una parte fundamental del paradigma del Estado Benefactor, como es
pero desde una mirada diferente a la predominante en las décadas del cincuenta,
sesenta y setenta del siglo pasado. Una mirada que demanda una nueva relación
entre Estado, mercado y sociedad. Que jerarquiza el valor de la participación
ciudadana y el rol de las iniciativas sociales, tratando de contrarrestar tanto
el paternalismo estatal, que acompañó al desarrollo de los estados sociales en
nuestra región, como el reino del mercado de los años noventa.
Si se trata de pensar
en los fundamentos de esa sociedad de bienestar, si se trata de concentrarlos
en un punto, yo diría que lo decisivo es el carácter
inclusivo de la sociedad. A diferencia de la sociedad en la que vivimos, en
la que la exclusión social aparece
como un rasgo estructural, una sociedad de bienestar encuentra su principal
fundamento de legitimidad en su capacidad inclusiva.
Como podemos
apreciarlo en estos años de crecimiento económico de nuestro país, el carácter
inclusivo de la sociedad, la posibilidad de construir una sociedad de
bienestar, no es algo que tiene que ver con la naturaleza, ni es inherente al
desarrollo del mercado. El bienestar de una sociedad es el resultado de una
acción política, y esa acción política puede dar este resultado deseado, en la
medida que cuente con los instrumentos adecuados tanto en el territorio de lo
estatal como en el de la sociedad.
Ese carácter inclusivo
de una sociedad de bienestar, tiene al menos cuatro pilares fundamentales, que
son los ejes ordenadores de las dos exposiciones centrales de este panel: la salud y el trabajo; la educación y la
cultura. Cada uno de estos pilares en sí mismo y en su interrelación nos
informan sobre la calidad de la sociedad en la que vivimos. Un estado de la cuestión sobre estos cuatro
pilares, es un estado de situación sobre
la sociedad actual.
Definir un horizonte
posible para la salud, el trabajo, la educación y la cultura es no sólo dejar
constancia de lo que hoy no tenemos, sino también bosquejar una sociedad del
porvenir en la que democracia y bienestar logren mancomunarse.
